MARIO BUNGE (1919-2020)

Portada de Elogio del Cientificismo (2017). Editado por Gabriel Andrade, publicado por Editorial Laetoli

Después de vivir un siglo, Mario Bunge ha dejado de existir, causando una inevitable cuota de tristeza en quienes hemos conocido y apreciado su obra. A pesar de una longevidad excepcional, acompañada de una lucidez similar (su último artículo es del año pasado y preparaba un libro para el presente), y de una vasta obra que, salvo la estética, abarcó prácticamente todas las áreas de la filosofía, bien sabemos que nuestros afectos responden a condicionamientos evolutivos que anteceden a cualquier racionalización.

Mario Bunge nació en la provincia de Buenos Aires en una familia acomodada y dedicada a las ciencias y la política. Su padre Augusto, médico y diputado socialista, sus tíos Octavio, Alejandro y Delfina, destacaron en el ambiente intelectual de la época en sociología, economía y literatura, respectivamente. Con un ambiente privilegiado para desarrollar su curiosidad, en su adolescencia se declaraba seguidor del pensamiento de Freud, Marx y Einstein. El primero pasó rápidamente a convertirse en uno de sus enemigos filosóficos principales, especialmente tras conocer la obra de Bertrand Russell. De Marx guardaría hasta el final un respeto intelectual por su vocación de fundar una nueva ciencia al servicio de la emancipación social, pero el pragmatismo le hizo reconocer cómo, tempranamente en Engels y Lenin, se advertía un dogmatismo e ingenuidad científica que amenazaba con clausurar sus propias promesas de libertad e igualdad. La necesidad de indagar la realidad científicamente lo llevan a obtener la Licenciatura y Doctorado en Física en la Universidad Nacional de La Plata, donde fue docente e investigador en física teórica y cuántica, al igual que en la Universidad de Buenos Aires.

La complejidad de los modelos teóricos en física cuántica y sus ineludibles problemas filosóficos, hicieron que se dedicara al área en que se haría más conocido e influyente: la Epistemología. Pero lejos de seguir el patrón común del Círculo de Viena, tomando por “ciencia” preferentemente la física y la astronomía, dadas su antigüedad, formalización e institucionalización, Bunge incorpora a la biología y las ciencias sociales como ámbitos igualmente necesarios para investigar sobre la validez y formas de producción del conocimiento. Ya en Causalidad (1959) advierte que las ciencias sociales (referidas como “ciencias sociohistóricas”) son tan científicas como la física o la biología, tan capaces de establecer predicciones y explicaciones, solo que con diferencia de grado y debido a la naturaleza extremadamente más compleja de los fenómenos estudiados: la sociedad y cultura humana. La negación de esta posibilidad, le parece a Mario Bunge un lastre del pensamiento de Dilthey, Rickert y Windelband, con su propuesta de unas ciencias del espíritu (Geisteswissenschaften) inconmensurables con las ciencias naturales, fundadas tanto en un espiritualismo implícito como en una mala comprensión del verdadero fundamento de las ciencias naturales. Bunge advierte que

«esto es sospechoso de estar aliado a poderosos intereses sociales (o antisociales) que tienen vital interés en evitar toda averiguación a fondo del mecanismo social […] Quienes son capaces de desmontar ese mecanismo en teoría pueden sentir deseos de modificarlo en la práctica; y, lo que es más peligroso para quienes viven de la persistencia de formas sociales fósiles, tales hombres pueden llegar a tener éxito en su intento […] resulta más conveniente sostener que la sociedad humana es racionalmente incognoscilble, y por tanto impredecible, y por tanto incurable»

identificando como los principales promotores contemporáneos de este conservadurismo disfrazado de escepticismo epistemológico a Karl Popper y Friedrich Hayek.

En 1960 publica la que tal vez es su obra más leída y que aún forma parte de programas de pregrado en ciencias sociales hispanoparlantes, La ciencia, su método y su filosofía. Ya en esta obra se hace patente el rasgo con que comenzaría a ser criticado con más vehemencia y que luego asumiría con orgullo: el cientificismo. Bunge describe a la ciencia (el conjunto de ellas) como

«la más deslumbrante y asombrosa de las estrellas de la cultura cuando la consideramos como un bien por sí mismo, esto es, como un sistema de ideas establecidas provisionalmente (conocimiento científico), y como una actividad productora de nuevas ideas (investigación científica)».

En esta descripción expone la influencia de la obra del sociólogo Robert K. Merton, de quien asume la descripción de la ciencia como práctica social portadora de valores y que, en su producción de conocimiento objetivo, tiene el potencial de transformar el resto de las instituciones sociales, requiriendo para ello el orientarse más por la curiosidad que por el pragmatismo cortoplacista.

La influencia de Merton marca una constante interesante: a lo largo de su vida Mario Bunge estuvo en constante búsqueda de referentes de otras disicplinas y de ideas novedosas, apareciendo frecuentemente en sus obras el trabajo de autores más jóvenes o de áreas aparentemente distantes a la epistemología, como Joseph Agassi, Gino Germani y Raúl Prebisch. Esta amplitud hizo que Bunge extendiera su filosofía de la ciencia a casos particulares como la psicología, la biología, la economía, las ideas políticas o la sociología. La condensación de este viaje intelectual se plasma en su monumental Tratado de Filosofía Básica (publicado originalmente en inglés como Treatise on Basic Philosophy, cuya traducción al español aún está inconclusa), que en ocho tomos expone un sistema filosófico propio a partir de una semántica, ontología, epistemología, metodología y ética, publicado entre 1974 y 1989.

Otro aspecto relevante de su filosofía es la defensa del realismo científico: la tesis de que la realidad existe de forma independiente de nuestras observaciones, que esta es cognoscible, y que este conocimiento es producido por las ciencias con la capacidad de predecir e intervenir parcialmente en la propia realidad. También destaca su ontología emergentista o hilorrealista, que, a diferencia del marxismo-leninismo, reconoce distintos niveles de complejidad y de organización, imposibles de reducir entre sí, descartando los monismos, ya sean materialistas o idealistas. Pero, sobre todo, una de las principales vocaciones de Mario Bunge fue política, buscando el imperativo de usar el conocimiento para mejorar la sociedad y alcanzar un socialismo definido como democracia integral, la que excede a su versión liberal por considerar también la decisión colectiva sobre los recursos económicos y financieros.

En su amplia y destacada obra se hizo intencionalmente de una multitud de enemigos, a quienes no dudó en tratar con ironía o hasta con desprecio, según fuera el nivel de sus certezas y la posición de estos en alguna pseudociencia. A pesar de haber rechazado políticamente las posiciones de Popper, rescata su búsqueda de criterios de demarcación entre las ciencias verdaderas y sus falsificaciones, contándose entre estas últimas el psicoanálisis, las medicinas alternativas, pero sobre todo, por ser más peligrosas, las pseudociencias económicas dada su «capacidad de destruir sociedades completas».

Las aplicaciones de su filosofía todavía están por descubrirse, especialmente en las ciencias sociales que tanto interés le provocaron desde la infancia. En sus intervenciones específicas como la filosofía de la mente, la psicología o la biología ha encontrado a sus mejores y más fundamentados críticos; necesario recordatorio de que aun un intelecto prodigio se ve en apuros cuando abarca demasiado, por la simple imposibilidad de mantener una actualización constante. Finalmente, aunque residente en Canadá desde hacía más de 50 años, escribiendo la mayor parte de su obra en inglés y dedicado a temas que podrían parecer abstractos, nunca dejó de pensar a América Latina en general y a Argentina en particular, con sus problemas y necesidades específicas. Algo destacable en tiempos en que la identidad y pertenencia filosófica tiende a juzgarse más por contingencias que por sus fines concretos.

A Mario Bunge le debo en gran parte el despertar del sueño subjetivista que, muchas veces de forma implícita, permea a estudiantes y practicantes de las artes, humanidades y ciencias sociales de Hispanoamérica, y ello es la principal causa de que hoy tenga el honor de formar parte de este hermoso equipo. Me quedará hasta el final de mi conciencia el arrepentimiento por no haber ido a la conferencia que dio en Chile el 2013, su última visita, ni haber comprado esa edición en tapas duras de La investigación científica a veinte lucas en una librería de viejo (vale fácilmente el doble). Me queda el consuelo de que la causa fue mi guarenácea economía y no el interés que, al igual que para usted, amable televidente que ha llegado hasta acá, es una llama inagotable, y aun con sus titubeos y debilidades inherentes, es la mejor herramienta que tenemos para guiarnos en la oscuridad de los abismos eternos.

Bibliografía recomendada

Especializada

Causalidad. El Principio de Causalidad en la ciencia moderna. Buenos Aires: EUDEBA. 1961.

Treatise on Basic Philosophy

ISemantics I: Sense and Reference. Dordrecht: Reidel, 1974.

IISemantics II: Interpretation and Truth. Dordrecht: Reidel, 1974.

IIIOntology I: The Furniture of the World. Dordrecht: Reidel, 1977.

IVOntology II: A World of Systems. Dordrecht: Reidel, 1979.

VEpistemology and Methodology I: Exploring the World. Dordrecht: Reidel, 1983.

VIEpistemology and Methodology II: Understanding the World. Dordrecht: Reidel, 1983.

VIIEpistemology and Methodology III: Philosophy of Science and Technology: Part I. Formal and Physical Sciences. Dordrecht: Reidel, 1985. Part II. Life Science, Social Science and Technology. Dordrecht: Reidel, 1985.

VIIIEthics: the Good and the Right. Dordrecht: D. Reidel, 1989.

Emergencia y Convergencia. Novedad cualitativa y unidad del conocimiento. Barcelona: Gedisa. 2004.

A la caza de la realidad. La controversia sobre el realismo. Barcelona: Gedisa. 2007

General y divulgación

La ciencia, su método y su filosofía. Buenos Aires: Siglo Veinte. 1960

Pseudociencia e ideología. Madrid: Alianza Universidad. 1985

Las pseudociencias ¡vaya timo! Pamplona: Laetoli. 2010.

Evaluando filosofías: Una protesta, una propuesta y respuestas a cuestiones filosóficas descuidadas. Barcelona: Editorial Gedisa. 2015


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