PENSAMIENTO CRÍTICO: Epistemología, Ética y Autodefensa contra las Artes Oscuras Argumentativas (parte 2)

(Puedes leer la primera parte aquí)

Existen dos formas de conceptualizar el Pensamiento Crítico. La primera es una concepción estrecha, que podríamos llamar provisionalmente Pensamiento Crítico Estratégico o Estrecho, entendido como una “caja de herramientas” cognitiva (incluyendo el razonamiento lógico y la argumentación) cuyo propósito es la toma eficiente de decisiones y la resolución de problemas. Una de las propuestas fundacionales de este enfoque es la de Robert Ennis en A Concept of Critical Thinking (1962) en donde lo define como el “Pensamiento Reflexivo Razonable enfocado en qué creer o qué hacer”, definición acorde con lo que se suele denominar racionalidad clásica, instrumental o estratégica. Lo que critican diversos autores posteriores, es que no plantea la reflexión y revisión de creencias como elemento central, sino que las asume acríticamente, sin pensar si los supuestos y evidencias desde las que se parte son razonables y sólidas. 

La segunda orientación, que podría denominarse Pensamiento Crítico Sustantivo, surge como respuesta a las limitaciones de la primera y considera no sólo la eficiencia y eficacia de la toma de decisiones y resolución de problemas sino también a la reflexión sobre los valores y motivaciones de los que se parte, incorporando las actitudes como parte esencial del pensamiento crítico: comprende un conjunto amplio de habilidades, actitudes y valores que el pensador crítico debe desarrollar y abrazar. Por ejemplo, Kevin Delaplante plantea la importancia cívica del pensamiento crítico: no se trata sólo de aprender lógica formal, argumentación, o de adquirir un conjunto de herramientas para resolver problemas sino que, en su esencia, el pensamiento crítico tiene como función la auto-realización personal, y el responsabilizarnos, hacernos cargo de nuestras acciones, creencias y valores.

De acuerdo con esta visión sustantiva del Pensamiento Crítico, uno de los resultados deseables de su desarrollo es el empoderamiento del sujeto, en el sentido que un pensador crítico no sólo es un escéptico en el sentido tradicional del término (del griego skeptikoi, “examinar”), sino que implica una dimensión disposicional: es un sujeto comprometido, responsable y autónomo. Al incorporar una dimensión ético-valórica, el pensamiento crítico sustantivo se constituye como un conjunto de herramientas y actitudes indispensables para el ejercicio democrático de la ciudadanía. 

Identificar las amenazas que el pensamiento crítico enfrenta es el primer paso para defenderse de ellas. En vez de conceptualizar al pensamiento crítico como un tipo de arte marcial o deporte competitivo, cuyo objetivo es derrotar a los adversarios (una idea presente en la enseñanza tradicional de la argumentación y el debate), quizás la metáfora más adecuada sea la del sistema inmune: el pensamiento crítico debiera protegernos de las ideas tóxicas, de la manipulación y de los errores y sesgos presentes en la información con la que nuestro mundo nos bombardea. Un pensador crítico no es alguien que en una discusión acusa constantemente a su interlocutor escupiendo nombres de falacias en latín, como si se tratara de un duelo de magos. Un pensador crítico es alguien que busca aproximarse a la verdad de forma desapasionada y que somete a una evaluación rigurosa y razonable tantos sus propias ideas y creencias como las de los otros. Alguien que en vez de destruir a su oponente “con lógica y argumentos” (como es la moda en Youtube actualmente) busca resolver controversias y tomar decisiones construyendo más y mejor conocimiento.

Para esbozar un mapa del territorio a explorar, quisiera proponer una tabla para ordenar un poco el asunto. El primer eje, que tentativamente llamaré “Ámbitos” comprende: 

  • El Ámbito Cognitivo: relacionado con el razonamiento y el análisis de información, toma de decisiones y resolución de problemas a nivel individual.
  • El Ámbito Intrapersonal: relacionado con la autoevaluación y la autorregulación del individuo en cuanto sujeto epistémico y moral.
  • El Ámbito Interpersonal: relacionado con la aplicación del pensamiento crítico a las relaciones humanas en los múltiples niveles de interacción y participación social. 

El segundo eje, que provisionalmente llamaré “Dimensiones”, corresponde a la tríada Saber, Saber Hacer y Ser

  • La Dimensión Epistémica: conocimientos teóricos y factuales, saberes necesarios para el correcto ejercicio de las habilidades de pensamiento.
  • La Dimensión Práctica: habilidades o competencias de pensamiento, de las cuales las presentes en la clásica Taxonomía de Bloom son ejemplo claro.
  • La Dimensión Ética: actitudes, disposiciones, compromisos y virtudes necesarias tanto para motivar como para orientar el pensamiento y la acción, y constituir el ideal de una “persona crítica” en un sentido integral.
PENSAMIENTO CRÍTICODimensión Epistémica (Conocimientos) Dimensión Práctica (Habilidades) Dimensión Ética
(Actitudes y Disposiciones)
Ámbito Cognitivo Epistemología
Filosofía de la Ciencia
Lógica
Estadística
Metodología de Investigación
Alfabetización Informacional
Análisis de Información
Comprensión de Lectura
Testeo de Hipótesis
Aplicación de esquemas de Razonamiento (Deductivo, Inductivo, Abductivo, Causal, Analógico, Probabilístico, etc.)
Objetividad
Creatividad
Aprendizaje autónomo
Rigurosidad Intelectual

Ámbito Intrapersonal Psicología Cognitiva
Heurísticos
Sesgos Cognitivos
Teorías de la Personalidad
Psicología de las Emociones
Toma de decisiones en contextos de incertidumbre
Autoevaluación de procesos de razonamiento
Autorregulación
Prudencia
Flexibilidad y adaptabilidad
Tolerancia a la frustración
Inteligencia Emocional
Autocrítica
Ámbito Interpersonal Teoría de la Argumentación
Epistemología Social
Teoría de la Comunicación
Teoría del Aprendizaje
Liderazgo y proactividad
Resolución colaborativa de problemas
Interpretación, construcción, evaluación y comunicación efectiva de argumentos
Apertura y Pluralismo Intelectual
Inteligencia Social
Imparcialidad
Empatía
Ética de trabajo colaborativo
Responsabilidad Social

Al comprender de esta forma el Pensamiento Crítico y examinar los elementos correspondientes a los cruces entre ámbitos y dimensiones en esta matriz provisional (a la que probablemente le faltan elementos), se hace evidente que su enseñanza y desarrollo como ideal educativo y de vida depende el trabajo colaborativo de los profesores de todas las asignaturas y no sólo al profesor de lenguaje o de filosofía; que comprenda al Pensamiento Crítico como un conjunto amplio de saberes, habilidades, actitudes y compromisos; y que a partir de la reflexión sobre los fines que buscamos conseguir y sobre los estándares epistemológicos y éticos que debieran guiar el pensamiento y la acción, integre a la Filosofía con el resto de las disciplinas de las Ciencias y las Humanidades en pos de su desarrollo y enseñanza.

Esta integración es desafío no menor, para el que afortunadamente aún no es demasiado tarde. Han habido intentos frustrados de integrar Ciencias y Humanidades en estas últimas décadas, intentos que terminaron en un cientificismo funcional al status quo político, con muy poco espacio para las humanidades (por ejemplo, la movida de la Fundación EDGE), y en “Filosofías” y “Psicologías” que integran conceptos científicos de forma irresponsable o derechamente chapucera.

Esperemos que en esta década el concepto de Pensamiento Crítico cobre la relevancia que merece: no como manuales o cursos remediales cosméticos, sino como objetivo central de la educación en todos sus niveles. En una próxima entrega analizaremos las dificultades de implementar su enseñanza en nuestras Universidades y Escuelas, y recomendaremos textos introductorios, podcasts y videos explicativos.


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